Entrevista a Dorin Dușciac, ex viceministro de Medio Ambiente de la República de Moldavia

Dorin Dușciac es doctor en Ciencias Físicas y en la actualidad es consultor en asuntos de energía del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas. Entre junio de 2014 y febrero de 2015 ejeerció como viceministro en el Ministerio de Medio Ambiente de la República de Moldavia.

P.: ¿Qué destacaría del período durante el que ostentó el cargo de viceministro en el Ministerio de Medio Ambiente de la République de la Moldavie?

Dorin Dușciac: Fui elegido para ese puesto en junio de 2014. La República de Moldavia atravesaba una época de entusiasmo general en relación a su proceso de integración europea. Algunos meses antes, en noviembre de 2013, durante la Cumbre de Vilnius (Lituania), la Unión Europea consideró a la República de Moldavia un «buen alumno» y una «historia de éxito» del Partenariado Oriental. En abril de 2014, Moldavia logró establecer la libre circulación con la Unión Europea y, a principios de julio, el Parlamento modavo ratificó el Acuerdo de Asociación a la Unión Europea, incluyendo los aspectos políticos y económicos entre ambas partes.

Es en esta atmósfera de esperanza y horizontes nuevos, que yo acepté ese puesto ese mismo año. Desde el Ministerio nos implicamos en un programa que esperábamos poner en marcha inmediatamente: el Acuerdo de Asociación comtemplaba alrededor de 45 directivas y reglamentos relativos al medio ambiente que debían acabar plasmándose en la legislación moldava. Participé activamente, durante los 8 meses que estuve al frente del ministerio como viceministro, en la realización de esta compleja tarea. La implementación de los acuerdos comunitarios no resulta fácil, pues precisa de mecanismos institucionales y recursos humanos importantes con los que Moldavia apenas cuenta.

A pesar de las dificultades, conseguimos promover nuevas perspectivas, y hacer novedosas aportaciones conforme a las ideas europeas relativas a la protección del medio ambiente. Así, inicié ciertos procesos que limitaron el uso abusivo e ilegal de recursos naturales, especialmente del agua potable de nuestros dos grandes ríos, el Prut y el Nistru, y milité activamente en la reforma institucional del Ministerio de Medio Ambiente. Tuvimos la esperanza de lograrlo y un gran apoyo de nuestros socios europeos.

Desgraciadamente, la situación se degradó rápidamente: a principios de 2015 se conoció el gran fraude financiero (1000 millones de dólares americanos desviados a paraísos fiscales). El nuevo gobierno ya no representaba la voluntad de los electores y la Unión Europea quedó decepcionada. En ese momento, decidí irme, regresar a Francia, a finales de 2015. Poco más tarde, Moldavia se convertía en un estado a la deriva en los confines de Europa.

P.: Muchos creen que no importa quién gane las próximas elecciones legislativas en Moldavia, que se celebrarán el 24 de febrero, porque no será posible cambiar las cosas. ¿Qué piensa al respecto?

D.D.: Es cierto, en los últimos tiempos, muchas personas han perdido toda esperanza en la clase política actual. Yo no he perdido la esperanza, porque nunca la tuve: pienso que ningún sistema será capaz nunca de transfromarse desde el interior. Esto es simplemente imposible. La única manera de llevar a cabo cambios profundos pasa por hacer converger talentos y recursos que no formen parte de ese sistema, recursos, en primer lugar, humanos, pero no solo estos. Nosotros tenemos una diáspora muy numerosa – alrededor de un millón de moldavos de los 4 millones de habitantes, vive hoy en el extranjero –. Son personas muy activas: en un total de 35 países se han registrado más de 150 asociaciones moldavas. Sería una lástima que esta formidable fuerza viva no se movilizase, pues podría participar en la regeneración de su país de origen. La diáspora está implicada, pero mantiene la confianza hacia las autoridades políticas actuales del país, a pesar de que quedó prácticamente destruida a raíz de los acontecimientos de 2015. La diáspora puede y debe, según mi opinión, jugar el papel de ese «factor exterior» capaz de cambiar las cosas en profundidad: de cambiar el sistema, de destruir a la mafia local y garantizar que el Estado sirva a los intereses de la nación y no a los grupúsculos de gentes corrompidas y sin escrúpulos.

P.: Se ha aprobado recientemente una nueva ley electoral. ¿Podría explicarnos brevemente en qué consiste?

D.D.: Las recientes reformas del Código electoral moldavo suponen un profundo cambio en cuanto a la forma en la que será elegido el próximo parlamento. Desde 1990, todas las elecciones legislativas moldavas se han desarrollado conforme un sistema proporcional: los partidos políticos presentaban unas listas con 101 candidatos – el número de escaños del parlamento – y estos escaños eran distribuidos entre los partidos que superaban el procentaje mínimo de votos exigido (según la convocatoria electoral, este mínimo ha estado entre el 4 % y el 6 %). Las modificaciones recientes establecen un sistema electoral mixto: 50 de los 101 diputados serán elegidos conforme al sistema proporcional y los otros 51 en otras tantas circunscripciones uninominales.

En ciertos países donde la democracia está establecida desde hace décadas, y aun siglos, este sistema puede funcionar adecudamente, pero no en Moldavia. En nuestro país, este sistema favorecerá las divisiones de los partidos políticos de la oposición y se incrementará el voto a favor del partido gobernante, actualmente el Partido Demócrata, de centro-izquierda, que dispone de los recursos administrativos y que es sostenido por los hombres y mujeres de negocios locales.

Las corrientes políticas de oposición, por ejemplo, los unionistas – cuyo apoyo entre el electorado se estima que podría alcanzar entre el 25 y el 30% – serán perjudicados por este sistema: no habrá más que una sola vuelta en las circunscripciones uninominales, así que la habitual unión de fuerzas políticas europeístas que se produce cuando se procede a la celebración de la segunda vuelta, no podrá llevarse a cabo. Es más, y esto me preocupa especialmente, la diáspora moldava, que constituye actualmente la cuarta parte de la población, no tendrá más que 3 circunscripciones de 51, lo que es una injusticia, pues se niega el derecho a una representación equitativa en el Parlamento del país. Y esto niega la democracia. Esta no era la respuesta que los que forman parte de la diáspora esperaban de su gobierno.

P.: ¿Es importante que los ciudadanos vayan a votar el próximo 24 de febrero?

D.D.: Sí, es muy importante. En algunos países democráticos la particicipación en las elecciones es obligatoria. Pienso que así debería ser también en Moldavia: en un país donde la democracia no tiene más que 30 años, es importante que la gente se habitúe a los procesos propios de la vida democrática. Hacer el voto obligatorio, llevaría a muchos ciudadanos a interesarse más por la vida política, a participar más activamente en la vida de su sociedad. Cuando yo oígo decir a algunas personas, como amigos y conocidos que no quieren ir a votar, les recuerdo siempre a las centenares de miles de personas de todo el mundo que viven bajo regímenes autoritarios o bajo dictaduras y que sueñan con poder ir a votar. Nosotros no tenemos aún una democracia funcional, el estado moldavo sufre de muchos males, pero tenemos la posibilidad de votar. Y debemos hacer uso de esa posibilidad siempre que estamos convocados para ello. Además del deber cívico, nosotros que hemos conocido el régimen totalitario soviético, tenemos la obligación moral de votar.

P.: ¿Qué impacto podría tener la diáspora en estas elecciones?

D.D.: Como dije más arriba, desgraciadamente, la diáspora no tiene más que tres circunscripciones uninominales de un total de 51. Por tanto, contarán con solo 3 diputados en el parlamento que las representen; a pesar de todo, la diaspòra puede influir en los resultados de manera importante, votando las listas nacionales, es decir, a los otros 50 representantes electos. En este sentido, el voto de la diàspora será crucial, porque puede favorecer la llegada al poder de partidos políticos que combaten a los oligarcas, que luchan por la democracia y por un verdadero acercamiento a la Unión Europea y a Rumanía. Desde 2009, la diáspora moldava ha influido siempre de manera positiva en los resultados de las elecciones nacionales: algunos de los parlamentarios que más han favorecido las opciones pro europeas han sido elegidos por el voto de la diáspora. En este sentido, los políticos corruptos y mafiosos tienen miedo de una movilización masiva de esta, lo que explica perfectamente el escaso número de circunscriopciones acordadas para ellos.

P.: ¿Se facilita a los electores que residen en el extranjero ejercer su derecho al voto?

D.D.: Moldavia dispone de una red de embajadas en el extranjero, pero su número no es suficiente para cubrir eficazmente todas las zonas donde existen comunidades moldavas importantes. Esto es particularmente evidente en Estados Unidos, donde los moldavos deben recorrer distancias enormes para llegar a la sede diplomática o un consulado general. Desde 2010, se abrieron muchas oficinas fuera de las sedes diplomáticas, pero su número sigue resultando insuficiente. En 2010, 2014 o 2016 se dio la circunstancia de que no había suficientes papeletas electorales, de modo que miles de nuestros ciudadanos que se presentaron para votar, se encontraron con que no pudieron hacerlo lo cual no constituye sino una privación ilegal del derecho al voto, un derecho que recoge y ampara la Constitución y que deberían garantizar los poderes públicos. Desgraciadamente, todas las alegaciones presentadas por ciudadanos que no pudieron votar fueron rechazadas por la justicia moldava.

P.: ¿Qué medidas se podrían tomar para solucionar este problema?

D.D.: He abogado activamente durante los 10 últimos años por que el derecho al voto quedara garantizado para todos los ciudadanos moldavos, resida donde resida. Yo, junto con colegas de otras asociaciones de la diáspora, hemos pedido en cada convocatoria electoral que se incrementara el número de oficinas de votación, así como que hubiera un número suficiente de papeletas en las mismas. En este sentido, hemos logrado algunos éxitos: el número de oficinas electorales y de papeletas enviadas al extranjero por la Comisión Electoral Central se han incrementado desde 2010.

Por el contrario, los procedimientos que debían propiciar el establecimiento de procedimientos para votar a distancia, – voto por correspondencia, por poderes o por internet – ha quedado desatendidos por las autoridades moldavas, y esto, a pesar de nuestras iniciativas y recordatorios constantes a favor de este tipo de voto, que está ya en funcionamiento en muchos países del mundo. Desgraciadamente, nos encontramos con una falta de voluntad política para emprender esta reforma. Esperamos, sin embargo, que estos procedimientos sean operativos a partir de 2020.

P.: En Moldavia, el voto pro europeo se concentra en las ciudades y entre el electorado joven. ¿Cree que el voto de la diáspora es también, mayoritariamente, pro europeo?

D.D.: Sí, por supuesto. Para verificarlo solo hace falta analizar los resultados de las eleccciones de estos últimos diez años. La diáspora ha votado siempre a favor de las fuerzas pro europeas (más del 90 %.) y al menos de la mitad de los votos son para los partidos políticos que promueven la reunificacion con Rumanía (los militantes de estos partidos políticos son los más fervientes europeístas y pro occidentales). Quizá esto explique, probablemente, la reticencia del gobierno moldavo a facilitar el derecho a votar de la diáspora: es evidente que un partido politico que adopta una posición geopolítica dudosa o que pretende socavar el proceso de integración europea, no tenga mucho éxito entre la diàspora.

P.: Usted aboga por la reunificación de la República de Moldavia con Rumanía. ¿Piensa que esa reunificación estimularía las inversiones en infraestructura y servicios públicos que Moldavia necesita?

D.D.: Sin ninguna duda. Rumanía ha registrado en los últimos 6 o 7 años una de las tasas más importantes de crecimiento europeo y se ha convertido en un país muy interesante para los inversores europeos, de modo que su infraestructura está en pleno desarrollo. Rumanía recibe una importante ayuda en forma de fondos estructurales europeos que, por otro lado, no llega a consumir por completo. Moldavia, en caso de lograrse la reunificación con Rumanía, podría beneficiarse plenamente de estos fondos estructurales, para construir o rehabilitar su infraestructura, reducir las desigualdades sociales, estimular a los emprendedores y relanzar el crecimiento económico. Nosotros tenemos muchas razones económicas (pragmáticas) para conseguir la reunificación con Rumanía… Pero el motivo principal de la reunificación no se limita a esto. El motivo principal es reunir a la nación rumana, como ya ocurrió hace un siglo, cuando la Gran Rumanía vio todos sus territorios históricos reunidos en una mismo país. La actual frontera entre Rumanía y Moldavia no es más que la reminiscencia de un pacto criminal firmado en 1939 por los dos mayores tiranos del siglo XX, Hitler y Stalin. ¿Por qué deberíamos vivir hoy conforme a la voluntad de estos dos sanguinarios dictadores, que destruyeron las vidas de centenares de miles de persona? La reunificación de Moldavia y Rumanía sería ante todo, un acto de justicia histórica, un acto de reparación moral de los crímenes que sufrió nuestro pueblo durante el pasado siglo.

P.: ¿Qué mensaje desearía transmitir a los moldavos que residen en España?

D.D.: Me gustaría decir, en primer lugar, que tienen la gran suerte de haber elegido un país tan acogedor y abierto como España. Es una de las grandes naciones del mudno, que ha contribuido al patrimonio cultural universal con multitud de obras tanto en las Artes como las Ciencias. Los españoles son muy celosos de su pasado y esto debería ser un ejemplo para los moldavos. Al mismo tiempo, estos últimos años la sociedad española lucha activamente por la unidad de la nación: los moldavos debériamos tomar ejemplo y luchar por la unidad de nuestra nación, la nación rumana. La defensa de los valores de la nación no tiene nada de antieuropeo: al contrario, Europa será fuerte cuando las naciones que la componen sean fuertes. En este sentido, España es un ejemplo que debe inspirar a los moldavos, darles más optimismo y fuerza.

JORGE MARTÍN

PROFESOR DE HUMANIDADES

Quisiera agradecer a la señora Larisa Vlahh, presidenta de la Asociación hispano-moldava Tricolor, por su invitación al encuentro que el Sr. Dușciac mantuvo con la diáspora moldava en España.

Foto: Dorin Dusciac / Facebook